jueves, 19 de febrero de 2009

Homeopatía política y escudo humano

Por:
Raúl Marín

Como se sabe, la crisis del sector financiero que ha provocado la recesión mundial tiene como causa la ausencia de regulaciones en ese ámbito por parte de las “entidades prudenciales”. No obstante, en nuestro país se acude a la “flexibilización” laboral para, según se dice, repeler ese trance en el ámbito social, con el pretexto de la defensa de los trabajadores. Bajo esas premisas se presenta el gubernamental “Plan Escudo”.

Eso, que parece ser una peculiar homeopatía política -curar con base en el principio de la semejanza: la laxitud o inexistencia de reglas-, merece ser visto de cerca, porque parece más de lo mismo, propuesto por los mismos. Veamos:

Dice el presidente Arias en la presentación del citado plan: “Es preferible que por un corto período de tiempo (sic) dos personas realicen la mitad del trabajo y ganen la mitad del salario a que una de ella pierda su empleo para siempre”. Esa propuesta para reformar la legislación laboral -que llamaremos Escudo 1-, según lo afirma el Presidente, goza del “apoyo y del compromiso” del Partido Acción Ciudadana (PAC), y se hace a la par del impulso al proyecto de Ley n°16030 para “Actualizar las jornadas de trabajo excepcionales y resguardar los derechos de los trabajadores”, que ampliaría las jornadas laborales hasta doce horas diarias sin pago de las horas extraordinarias y que establece una jornada semanal de cuatro días con tres de descanso -que identificaremos como Escudo 2-. Esta iniciativa legislativa, originaria del Movimiento Libertario, es calificada por el mandatario como “modernización” de la legislación social y constituiría una “medida a largo plazo” (es decir, que los del PAC son simples compañeros de ruta o escuderos).

Aparte de las objeciones que ya formulamos a este proyecto de Ley (vid. “La ampliación de la jornada laboral”, Tribuna Democrática 6/1/09), merece la pena detenerse sobre el tema en el que habría consenso entre el Gobierno y el PAC -agrupación no siempre claramente abierta a las reivindicaciones laborales, pero sí muy cautivada por las curvas formales de índole económica-, basado en la afirmación de que más vale ganar la mitad del salario, que no percibirlo del todo -claro queda que se refieren a los obreros, trabajadores y campesinos de bajos salarios, los prescindibles, y que eso no concierne a los ejecutivos y altos empleados-.

Téngase presente que los salarios mínimos por disposición constitucional (art. 57) deben “procurar bienestar y existencia digna” al trabajador en consideración a su jornada normal; dicho en los términos del Código de Trabajo, tal remuneración debe cubrir al asalariado “las necesidades normales de su hogar en el orden material, moral y cultural” (art. 177). (Del tema también se ocupa el Convenio de la Organización Internacional del Trabajo, en vigor, “Sobre la fijación de salarios mínimos, 1970”, ratificado por Costa Rica el 8/6/79).

Recuérdese que los principios cristianos de justicia social son la fuente de nuestra legislación laboral (arts. 74 constitucional y 1° del Código de Trabajo), y, precisamente, según lo proclama la Encíclica sobre el Trabajo Humano, “el salario justo se convierte en todo caso en la verificación concreta de la justicia de todo el sistema socio-económico y, de todos modos, de su justo funcionamiento”. Y enfatiza: “Una justa remuneración por el trabajo de la persona adulta que tiene responsabilidades de familia es la que sea suficiente para fundar y mantener dignamente una familia y asegurar su futuro”. (Citas tomadas del sitio de web del Vaticano: www.vatican.va).

La propuesta de reforma (de 1÷2) es un abierto desafío a las normas constitucionales, internacionales y legales que tutelan la dignidad de los trabajadores, en armonía con los principios de la Doctrina Social de la Iglesia.

Se propone, en el fondo, que la mitad de los recursos de una familia mediana y dignamente subsistente con el salario mínimo, sirvan para remunerar a otra unidad doméstica en aras de una quimérica “solidaridad”, que no es otra cosa que una patética duplicación de la pobreza (p×2).

Ese planteamiento (1÷2 = p×2) ultraja la inteligencia. ¿Por qué un asalariado tiene que renunciar a la mitad de su trabajo bajo la inminente amenaza de su pérdida del empleo, para que así pueda contratarse a otro durante la media jornada restante? No se ve la razón por la que si no trabajan dos en un mismo puesto, tal empleo se perdería. Lo que queda claro es el chantaje: o el trabajador renuncia a un medio tiempo o se le despide (¿otra larvada manifestación de la “estrategia del miedo?”). ¿Quién garantizaría que se contrate al nuevo servidor y que la renuncia del primero no sirva de coartada para continuar con una planilla disminuida, de manera que, más bien, el desempleo aumente media unidad?

Lo que sobre todo es palmario es que con la mitad de su salario un servidor con familia a cargo no puede hacerle frente a sus vitales necesidades, además, su capacidad de pago disminuida lo aleja del mundo crediticio y le enerva la del ahorro. Pero hay más: con el salario disminuido se afectan sus ingresos correspondientes al aguinaldo, sus cotizaciones para la jubilación; por su parte, las pensiones alimenticias forzosamente se disminuirían al menos en la mitad de su monto. Y no faltará quien afirme que con la citada renuncia se abaraten a la mitad los despidos que se dicten.

La propuesta es siniestra: de ahora en adelante, por “solidaridad”, el trabajador y su familia comerían la mitad, emplearían sus restantes recursos a mal vestirse y abandonarían las actividades recreativas elementales que demanden dinero. Con razón el plan se llama escudo, solo que le faltó el adjetivo adecuado, pues se trata de un escudo humano formado por los asalariados, chivos expiatorios del insaciable y desenfrenado capitalismo a quienes se les trasmuta de víctimas a victimarios.

En la propuesta del 1÷2 el asalariado percibe la mitad de su salario (Escudo 1), mientras que en la de la “modernización”, debería regalar al patrono las remuneraciones adicionales de hasta cuatro horas extraordinarias por día (Escudo 2).

Por dondequiera que se vea, ese Plan es un corrosivo escudo humano. Lo que no se ha dicho es cuánto podría durar la versión 1 para luego pasar a la 2.

Talvez eso se discuta un día de estos en un lujoso restaurante, con furtivo descorche de champán…


Tomado de:

http://www.tribunademocratica.com/2009/02/homeopatia_politica_y_escudo_humano.html

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